Las rayas molestan, cómo negarlo. Jonathan (28) dice que a él alguna vez le picó una. "Sentí un punzón en el pie como si me hubieran pellizcado fortísimo con retorcida y todo, y luego un dolor que me subió por toda la pierna hasta la cadera". Las rayas son peces de cuerpo aplanado y una cola que es rápida como un látigo y furiosa como una navaja suiza. No son agresivos pero vamos, los tiburones tampoco. Jonathan dice que, tras la picadura, su tío lo sacó del mar y lo llevaron al pueblo en una mototaxi, donde unas señoras la esperaban con una olla de agua hirviendo. "No es que le hayamos avisado, sino que ya saben que siempre llega alguna víctima y están prevenidas", dice.  Recuerda que metió la pierna en el agua caliente sin quemarse, nos dice también que le refregaron un limón con fuerza para que le cayera todo el jugo dentro de la herida: el dolor era demasiado fuerte. Desaparece el fuego intenso y el ardor insufrible, se puso sus sandalias y salió cojeando comenta.

La gente sabe de las rayas en Colán y muchos prefieren no entrar. A mí, esto de arrastrar los pies me hace sentir una tarada: ¡se supone que salí de Piura huyendo del estrés! No quiero sangre, así que mejor emprendo la retirada. Ya, díganme cobarde y todo lo que quieran, pero lo que es yo, prefiero volver a la protegida serenidad de la arena. Además: ¿Acaso no saben cómo se murió el cazador de cocodrilos?